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Los chef imoleses Roberto Fiumi y Mateo Coralli, responsables de los fogones y la pastelería del restaurante Opera Dulcis, reinventan y ensalzan en clave moderno-contemporánea la cocina regional italiana. Una mágica e innovadora apuesta culinaria que brinda la oportunidad de disfrutar de nuevos sabores en el corazón de Imola.

Nuestro último hallazgo gastronómico en tierras italianas se llama Opera Dulcis. Un descubrimiento que debemos, en gran medida, a un viaje de trabajo a Bologna que realizamos hoy hace, justo, un par de meses y que aprovechamos para reencontrarnos con unos muy buenos amigos imoleses: Matteo, Filippo, Lisa, Giaccomo, Umberto, Michela, Corrado y acompañantes. Un encuentro que como no podía ser de otra forma, siendo como somos mediterráneos hasta la médula, iba a tener lugar entorno a una mesa. Por ello, sabiéndolos, como nosotros, grandes gourmands pusimos en sus manos la elección del restaurante. Decisión inteligente, valga alabarnos, que además nos permitía seguir la máxima de “eat like a local” que determina la vertiente culinaria de todos nuestros viajes.  Y como los amigos, entre otras muchas cosas importantes, también se unen por el paladar, estábamos seguros que, como ya es habitual, el lugar elegido sería candidato a formar parte de nuestra selección de restaurantes italianos. ¡Y así fue!

Para nuestra sorpresa, esta vez, la elección no correspondía a un restaurante de Bologna, sino a uno de la misma ciudad de Imola. El lugar elegido era un local céntrico situado en pleno corazón de la ciudad, en la hermosa y porticada plaza Giaccomo Matteotti, que ocupa el espacio de la que fue la antigua oficina de registro del histórico edificio del Ayuntamiento. Un local que ofrece una amplia, atractiva y variada oferta de restauración, donde la cafetería, el bar, el restaurante y la pastelería se entrelazan para ofrecer al cliente un extenso abanico de propuestas gustativas para llenar cualquier hora del día. Un restaurante que en apenas siete meses de vida ha engrandecido la oferta culinaria de Imola, renovando los sabores tradicionales de la cocina local sin dejar por ello de ensalzar y reforzar de forma original las raíces e identidad de cada plato.

Siguiendo la tendencia de las cocinas abiertas, el espacio diáfano que ocupa Opera Dulcis ofrece la posibilidad de disfrutar en vivo y directo de la creación de los artistas de la cocina. Por ello, tanto el área de showcooking como el laboratorio de pastelería son visibles no solo a los clientes que visitan el restaurante sino a los transeúntes que deambulan por la zona acristalada situada en via Manzini. Un espectáculo visual que refuerza el espectáculo sensitivo que proporciona cada uno de los platos que componen la esmerada carta del restaurante.

La selección equilibrada y suficiente de Antipasti, Primi Piatti, dalla Tradizione, Secondi y Dolci refleja, fielmente, la apuesta del Opera Dolcis por innovar y renovar la tradición culinaria. Elegir plato de la carta no es tarea fácil, los pedirías todos, pero tampoco tarea ardua, ya que disponer de un máximo de seis opciones por partida simplifica enormemente la decisión. Nuestra elección se centró en dos Antipasti llenos de sabor a mar y repletos de recuerdos de sabores tradicionales – “Scampi marinate al lime, carciofi alla romana e burrata”  y “Capesante scottate al sesamo e broccoletti” – y dos Secondi de pescado de máxima calidad y texturas sorprendentes – “Hamburger di pesce azzurro, le nostre patate fritte, maionese al rafano e misticanza” y “Palamita (variedad similar al atún) cotta a bassa temperatura” –, que acompañamos del pan de confección propia de la casa y redondeamos con un estupendo vino blanco de la zona (nos vais a perdonar pero no recordamos donde apuntamos el nombre). Una explosión de sabores, texturas y combinaciones, a caballo entre lo conocido y lo desconocido de la estupenda cocina italiana, que encumbramos compartiendo un espléndido “Tiramisú crocante con salsa al caffè e mou” del que nos sorprendió tanto la composición como la textura y sabor que, aún evocando este tradicional postre, lo convertían en una auténtica novedad y disfrute al paladar.

El servicio de sala excelente, el entusiasmo, la creatividad, el respeto por la tradición y la dilatada experiencia de los jóvenes chef que crean sus platos y postres, Roberto Fiumi a los fogones y Matteo Coralli en la pastelería, y el detalle de ese espresso que “offre la casa con piacere” hacen de Opera Dulcis un templo de la cocina por el que bien merece la pena desplazarse unos kilómetros cuando se visita la Emilia-Romagna. Nosotros volveremos, nos lo hemos prometido, tenemos para ello una doble excusa: disfrutar de este festival culinario que esperamos conseguir degustar en su totalidad (¡Ojalá, apuesten por un menú degustación!) y, evidentemente, reencontrarnos nuevamente con viejos y queridos amigos y disfrutar del sabor de la amistad.

“La comida nos sostiene desde la cuna hasta la tumba, aumenta las delicias del amor y la confianza de la amistad, desarma el odio, facilita los negocios y nos ofrece, en el corto tiempo de vida, la única alegría que, al no ser seguido del cansancio​​, nos descansa de todo los demás” | Brillat-Savarin, la Fisiologia del gusto, 1825

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