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Una de las fiestas que, sin duda alguna, cabe reseñar y agendar en Barcelona es la del Passatge Lluís Pellicer, un pequeño y tranquilo pasaje del Eixample, que durante un fin de semana se convierte en polo de atracción para vecinos, barceloneses y foráneos, gracias a la mixtura de sabores de colaboración, participación, alegría, diversión y, claro está, de gastronomía que proporciona su intenso y sabroso programa de Festa Major.

Organizada por “Amics del Passatge Lluís Pellicer”, bajo el reclamo “no siguis gos i vine a la festa!”, la fiesta mayor del Passatge Lluís Pellicer se celebraba, del 24 al 26 de mayo, con un una programación lúdico-festiva de lo más seductora que pretendia transformar y transformó los apenas 100 metros de este tranquilo pasaje en un núcleo lleno de vida, un punto de encuentro, degustación, diversión  y buen rollo para todos los públicos y todas las edades. Música, juegos, concursos, actividades infantiles, compartían cartel de fiestas con el plato estrella de la celebración, la gastronomía.

La variada, diversa, multicultural y excelente oferta de restauración que se concentra en este pequeño y delicioso pasaje escondido en la manzana delimitada por las calles Casanova y Muntaner, a tocar de la avenida Diagonal, contribuyó de forma decidida a hacer de la gastronomía la estrella del programa de fiestas. No en vano, el sábado 25, en horario diurno y nocturno, se organizaba por segundo año consecutivo el “Tast Gastronòmic del Passatge Lluís Pellicer”, una degustación de las cocinas de los restaurantes del pasaje: Blau de Marc Roca, Bun Sichi, El Rovelló, El Taronget, Le p’ty mon, Nonono del mediático Isma Prados, Por qué no y la Brasería Gallega de la calle Casanova.

La adquisición de un ticket (o varios) al precio de 10€  en el local de la asociación Amics del Passatge Lluís Pellicer, entidad organizadora de la Fiesta Mayor, daba derecho a realizar cuatro degustaciones y una bebida (agua, vino o cerveza) ofrecida por el cocktail bar Le Boe. Cada uno de los ocho restaurantes participantes (siete de ellos en el pasaje), con propuestas culinarias bien diferentes entre sí, ofrecía dos degustaciones seleccionadas de su carta. Albóndigas con setas y croquetas de pollo asado ecológicas del Blau. Makis variados y temaki de salmón del japonés Bun Sichi. Pulpo a la gallega y calarmares con garbanzos y jamón ibérico de la Braseria Gallega. Alitas de pollo al horno con salsa barbacoa y Fideuà con sepia y gambitas de El Rovelló. Tagliattele al pesto o bolognesa y raviolis de espinacas o setas de El Taronget. Cucurucho de macarrones con asado de pato salvaje y coca de recapte con atún del Nonono. Pizzas variadas del Por qué no. Y de postre una selección de los estupendos crepes dulces de la Creperia Bretona Le P’ty Mon, a los que se podía acompañar con la degustación de una estupenda sidra bretona.

Una combinación gastronómica de contrastes excelente que, unida a la estupenda organización y colaboración de vecinos y establecimientos, se saldó con la venta de 700 tickets entre el mediodía y la noche, o lo que es lo mismo, en un servicio de 2.800 platillos, que degustaron tanto los  vecinos como los que, aún viviendo en otras zonas de Barcelona o fuera de la ciudad, nos acercamos atraídos por la fantástica propuesta gastronómica y festiva. Una celebración perfecta que nos dejó, además del sabor de los fogones, el de  participación, la apertura, la convivencia y el compromiso vecinal.

Una fiesta a la que, podemos asegurar, volveremos año tras año. Y que además se ha transformado en una extensa lista de cocinas a visitar y degustar, al tiempo que una excusa más para recorrer este tranquilo y estupendo callejón de Barcelona que seduce por su capacidad de emular, en apenas 100 metros, el ambiente de un barrio e incluso un pueblo de los que conocimos en otras épocas, donde la convivencia y la fraternidad estaban siempre presentes.

Reunirse es un comienzo, permanecer juntos es un progreso; trabajar juntos es el éxito. | Henry Ford

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4 pensamientos en “Fiesta de sabores

  1. Muy atractiva la oferta gastronómica y de convivencia que personalmente me transporta a los momentos vecinales del pueblo en que todos los vecinos ofrecian sus cosechas o su arte culinario a compartir en las noches de verano. Una experiencia que me habria gustado vivir y compartir. ¡¡Felicidades!!

    • Gracias Luisa!!
      La verdad es, como bien dices tu, que el ambiente del Passatge Lluís Pellicer evocaba sin duda alguno a las fiestas de un pueblecito, donde todos los vecinos colaboran en pro de un proyecto común.

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