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En los tiempos que corren, cabe quitarse el sombrero ante iniciativas empresariales como la “escuela de lo cotidiano”. Un proyecto de Juanma Ramirez que, apenas hace un mes y bajo el nombre de La Patente, inauguraba sus instalaciones en Barcelona con el objetivo de ofrecer al público un nuevo concepto de escuela donde la creatividad, el buen rollo, la amabilidad y el gusto por el detalle se fusionan magistralmente en una amplia, variada e interesante agenda de talleres y cursos en que la participación y la diversión son el principal leitmotiv para adentrarse de un modo ameno y alegre en el universo del aprendizaje creativo y gastronómico.

Situado en el Eixample barcelonés, el polivalente local de La Patente ofrece cursos y talleres de múltiples disciplinas y materias vinculadas a la gastronomía, las manualidades o la artesanía. Actividades variadas y atractivas que con un enfoque participativo y creativo se dirigen a un amplio abanico de públicos. Una agenda bien dimensionada que consigue que unas veces adultos, otras niños y otras familias enteras disfruten de unas horas de entretenimiento y diversión con el valor añadido del aprendizaje y la creatividad. Una oferta divertida y diferente, llena de entusiasmo, que pone especial atención en el contacto humano, en el compartir y en los valores de la participación, las sinergias, el intercambio y la proximidad, tanto que incluso sus precios, ya de por sí ajustados, ponen en alza el valor de la relación de vecindad a través de una bonificación especial para los vecinos de la zona, 

Todo lo que tenga que ver con compartir un momento agradable alrededor de una mesa” puede constituir la oferta de La Patente, nos comenta Juanma Ramírez, su fundador. Efectivamente, el valor intrínseco de la propuesta es su variada y original oferta de actividades. La cocina de la abuela o de mamá adaptada a nuestros tiempos, la decoración floral, la coctelería, el arte del sushi, los caramelos, el pan de toda a vida, cocinar bien la pasta, el huerto urbano o el handycraft tienen cabida en la agenda de esta “escuela de lo cotidiano”. Se trata de transformar conceptos de toda la vida en un formato lectivo atractivo que garantice pasar un buen rato. De hecho, en los más de diez talleres que La Patente ha realizado desde que abrió sus puertas, “la gente que acude en grupo se lo pasa especialmente bien y los que acuden solos enseguida hacen migas con otros”, nos comenta Juanma, quien añade con una sonrisa que  “además, una copa de vino siempre ayuda”. Y queda claro que es así y que la fórmula funciona pues, en este poco tiempo de andadura, la escuela ha tenido que volver a programar algunos de los talleres, como es el caso del de sushi, e incluso “algunos clientes ya han repetido y van por el tercer taller”, afirma de forma jovial el joven emprendedor.

La Patente tomaba forma en la mente de Juanma durante la primavera del año pasado, según nos cuenta fue el resultado de “muchos estímulos que se unieron a la vez”, entre los que estaban las ganas de “montar algún tipo de negocio sencillo, algo que pareciese muy casero, muy en contacto con la gente” y, claro está, el deseo de orientar la carrera profesional hacia “algo más personal”. Un entusiasmo que ni las obras ni la burocracia administrativa puedieron frenar, cosa que queda constatada cuando este joven publicista, al referirse al proceso de puesta en marcha del proyecto, que ha durado un año entero, enfatiza que “ha sido sencillo en el sentido que siempre he creído seguir los pasos necesarios, como si hubiese un camino marcado con todo lo que había que hacer”.

Y aunque no se trataba de una fórmula nueva, escuelas de cocina y manualidades hay muchas, sino que venía a sumarse, como una variante más, a un modelo de ocio participativo y cercano que en los últimos tiempos toma fuerza en ciudades como la nuestra, Barcelona, sí que cabe destacar que tanto el sencillo diseño de inspiración industrial de este diáfano local como la formulación de los talleres y cursos, se han pensado y creado a medida de las personas con la intención que “cualquiera pueda sentir que está en su cocina preparando algo con los amigos, ¡aunque sea una cocina más grande de lo normal!”. Esta concepción del espacio junto a la proximidad, la amabilidad y el buen rollo que destilan todos y cada uno de los que contribuyen dan forma al proyecto empresarial de La Patente, es el punto diferencial en el que se sustenta la gran acogida de que disfruta entre el público, los medios y los blogs. Y es justo ese “algo más” que ofrece, el factor que garantiza la consolidación de esta original “escuela de lo cotidiano”, a la que le auguramos una larga vida, con la connotación egoista de continuar aprendiendo y disfrutando entre sus paredes durante mucho,mucho tiempo.

Sólo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto | Léon Daudet
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7 pensamientos en “La escuela de lo cotidiano

  1. Que bonito que haya gente emprendedora que da la opción de compartir distintas actividades con verdadera ilusión.

  2. Me parece sencillamente genial, tu idea y la puesta en “escena”. Lo sencillo siempre es lo mejor, lo dificil es llegar a lo sencillo.
    Enhorabuena y muchos éxitos,

    Ro.

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