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En apenas once días de representación, un espectáculo sublime ha cautivado a los espectadores que han desfilado por la sala “petita” del Teatre Nacional de Catalunya en Barcelona. Se trata de No parlis amb estranys,  una joya teatral con la que la dramaturga y directora, Helena Tornero,  penetra, con sutileza casi poética, en el subconsciente colectivo para despertar las memorias que dormían en el olvido y, como por arte de magia, ubicarlas de nuevo en el lugar que les corresponde: el recuerdo.

Una puesta en escena de una sobriedad rigurosa, una proyección audiovisual a base de recortes históricos a la que nadie queda ajeno y una banda sonora exquisita con una pieza musical renacentista, We be soldiers three de Thomas Ravenscroft, como eje de unión, son los elementos sobre los que Tornero apoya magistralmente los fragmentos de memoria que dan forma a No parlis amb estranys. Fragmentos desvertebrados e inconexos de nuestra historia reciente que forman parte de nuestras memorias más escondidas, y que, sin ser conscientes, nos configuran como aquello que somos a nivel individual y colectivo.

Nueve historias, hechas de pequeños recortes de memoria, sostenidas en la interpretación intensa, emotiva y excepcional de ocho actores – Mireia Gubianas, Olga Cercós, Òscar Castellví, Oriol Genís, Maria Casellas, David Vert, Àngels Poch y Núria Legarda –  configuran la combinación del extraordinario y complejo cóctel de momentos, vivencias y memorias que forman parte de la historia de los personajes, de nuestra historia, de la historia de todos. Fragmentos que desvelan recuerdos ubicados en lugares recónditos, invitando al espectador, a través de la evocación,  a la reflexión y al diálogo, con la  finalidad única de reabrir delicadamente las heridas para que éstas finalmente puedan cicatrizar.

En esta pequeña joya de las artes escénicas se entrelazan con suma agudeza historias, momentos, sensaciones y procesos mentales para desvelar los “erróneos” cimientos en que se apoya nuestro presente más inmediato: el olvido y el silencio. Cimientos inestables que son la base de muchas de las incomprensiones, frustraciones, angustias y dudas que acumulamos desde antaño sin comprender porqué. Heridas mal curadas que influyen de forma intangible en nuestras vidas y que son el espejo del comportamiento de nuestro propio país, al que tampoco conseguimos entender.

No parlis amb estranys es, sin duda, un tesoro emocional, una herramienta imprescindible para reivindicar la memoria històrica y sacarla del ostracismo al que la habíamos condenado, único camino para reencontrarnos con quienes realmente somos. Una obra excepcional que forma parte del Projecte T6 y que pese a los recortes en presupuesto, ensayos y escenas, consigue que el espectador salga invadido de recuerdos, al tiempo que repleto de profundas reflexiones sobre su propia vida, la de los suyos y, especialmente, la de la sociedad en que vive. Un montaje íntimo, delicado y exquisito para el que cabría reivindicar algo más que un paso efímero de tan solo once días por la cartelera teatral. Una obra de arte que debería convertirse en eterna y disfrutar de una presencia permanente en nuestras salas de teatro.

Nadie muere en la medida que su recuerdo vive en nuestros corazones | Una abuela anónima

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3 pensamientos en “No parlis amb estranys

  1. Voy poco al teatro, por esto me encantan tus artículos. Leyéndolos, me parece casi, casi, como si hubiera visto la obra.

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