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En los tiempos que corren, cabe alegrarse y mucho de la consolidación de iniciativas como Lost & Found Barcelona, proyecto ideado por Diego Albanell y Max Porta en 2007 que bajo el lema “objetos inútiles de primera necesidad” gira entorno a un atípico y “cool” mercadillo basado en la cultura de las 3R (reducir, reciclar y reutilizar). Un evento de periodicidad trimestral que el pasado fin de semana llegaba a su duodécima edición con muy buena salud, afianzándose como uno de los mercados de segunda mano más populares de la Ciutat Comtal.

Sin duda alguna, los mercadillos, también conocidos como mercado o feria de (las) pulgas, rastro, rastrillo, bazar, zoco, pulguero, etc., son una de las mayores atracciones ciudadanas e incluso turísticas de cualquier ciudad. De hecho, en un entorno cada día más globalizado y anónimo, estas manifestaciones autóctonas representativas de la vida en la calle son, en muchas ocasiones, una de las pocas oportunidades que tenemos para poder obtener fotografías auténticas de la cultura local.

Situados en lugares públicos, normalmente al aire libre, están en ebullición constante, cosa que en buena medida se debe a la fama de “chollo” que llevan implícita, pues en ellos se pueden encontrar productos, antigüedades y demás objetos a un precio mucho menor al ofrecido por el comercio tradicional. Quizás por ello, y  gracias a la gran aceptación popular de la que gozan, se extienden por gran parte de la geografía mundial. Ejemplos hay muchos, entre los mas conocidos el Rastro en Madrid, Camden Town o Portobello en London, Porta Portese en Roma, La Mola en Formentera, Feira da Ladra en Lisboa, Mercato di San Lorenzo en Firenze, el Zoco en Granada o la Fira de Bellcaire (Encants Vells) en Barcelona.

Confesémoslo, ¿a quién no le gusta perderse y curiosear en un mercadillo?  Son lugares que al tiempo que nos brindan la oportunidad de respirar y saborear la esencia de un lugar, su idiosincrasia,  se convierten en una agradable forma de llenar el tiempo, aunque uno no tenga la intención de comprar. Escudriñar y rebuscar entre los artículos de las paradas, ofrezcan lo que ofrezcan (discos de vinilo, bisutería, libros, cómics, juguetes, ilustraciones, ropa, menaje, etc.), es un auténtico placer. Son lugares donde siempre encontramos algo que llama nuestra atención, que nos evoca algún recuerdo o nos despierta alguna necesidad. 

Ahora, pero, imaginad un mercadillo donde los comerciantes profesionales fueran sustituidos por vosotros mismos o por vuestros amigos o conocidos o simplemente por cualquier ciudadano de a pie que no se dedica a la actividad comercial. Imaginad, también, si este mercadillo tuviera como único objeto una forma de consumo alternativa (compra-venta directa y posibilidad de intercambio) basada en la cultura de las 3R (reducir, reciclar y reutilizar). Y reimaginadlo amenizado con actividades lúdicas, performances, DJs y baile ¿Podéis?… ¿Sí?… ¿No?… Podáis o no, sabed que esta fórmula existe y que tenéis la oportunidad de disfrutarla cada tres meses en Barcelona,  se trata del  Lost & Found, un evento que renueva, recicla y actualiza la cultura del mercadillo.

Lost & Found es un mercadillo atípico sea por la naturaleza de sus comerciantes (particulares) sea por su indisociable vertiente lúdica (música, cocina, arte, fiesta y baile), que nació en 2007 de la mano de Max Porta y  Diego Albanell que tras doce ediciones se ha converitdo en una de las citas más esperadas de Barcelona para los amantes de lo antiguo, lo vintage, la segunda mano, etc, o para un universo de curiosos que como nosotros se acercaron, el pasado domingo, a la maravillosa Estació de França para disfrutar de su ambiente, de su música, de la confusión y, como no, para meter la nariz en los armarios personales de los vendedores. Y que, como no podía ser de otro modo, acabaron llevándose un objeto (para otro) inútil, de primera necesidad (para nosotros).

El secreto de mi éxito está en pagar como si fuera pródigo y en vender como si estuviera en quiebra | Henry Ford

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Un pensamiento en “Lost & Found Barcelona

  1. Me gustan los mercadillos, sobre todo los de cosas antiguas. Me encanta pasearme entre las paradas. Recuerdo al principio de vivir en Barcelona que siempre que podía iba al mercado de Sant Antoni.
    No conozco el Lost & Found.
    Como siempre un artículo muy acertado

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