Home

La puesta en marcha de cualquier idea, plan, proyecto o meta se acompaña siempre de un cosquilleo. Se trata de una sacudida de emoción, de un zumbido intangible que se activa con los sueños, ilusiones o deseos que queremos materializar, y que a modo de “mariposas en el estómago” nos genera inquietud e ilusión, al tiempo que nos hace disfrutar del resultado, incluso, antes de ver nuestros proyectos e ideas plasmados en la realidad.

Haciendo balance de nuestro recorrido vital, desde nuestra más tierna infancia, seguro que podemos encontrar mil ejemplos de situaciones en que nos hemos visto invadidos por una sensación indescriptible y placentera que nos llenaba de inquietud, de deseo, de excitación y de ganas de poner en marcha todos nuestros recursos en pro de un final, esperado y deseado. De hecho, si nos detenemos a pensar en cualquiera de los proyectos – vitales, profesionales, familiares, personales,… – que hemos emprendido a lo largo de nuestras vidas, siempre detectamos ese momento en que sentimos un cosquilleo.

Este “gusanillo” aparece siempre que entra en juego algo que nos seduce, algo en lo que emocionalmente estamos implicados. ¿Quién no recuerda haberlo sentido al planificar un viaje, unas vacaciones, una excursión o un encuentro con los amigos? O en un ámbito más profesional ¿cuándo emprendía su negocio, un nuevo trabajo, una carrera universitaria o presentaba un proyecto a un cliente o inversor? O, incluso,  en un terreno más íntimo, ¿cuándo elegíamos compañero de vida o decidíamos ampliar la familia? Sin duda, un cosquilleo es una sensación que podemos asociar a un sinfín de situaciones vividas o por vivir, hasta el punto de constatar que, en un momento u otro, todos hemos tenido uno.

Si hiciéramos un sondeo para averiguar cuándo se ha sentido un cosquilleo tendríamos infinidad de respuestas. Un actor nos diría que lo sintió en el momento previo al estreno, durante la función o al salir a recibir los aplausos. Un autor lo referiría al momento de conceptualización de la obra, a su ejecución y a la expectación por la acogida del público. Una madre podría ubicarlo durante el embarazo o justo en el momento del parto. Un diseñador en la plasmación gráfica del concepto mental o del briefing del cliente. Y así un largo etcétera, que nos muestra la cantidad de cosquilleos que pueden sentirse y la infinidad de momentos y emociones a los que éstos pueden asociarse.

Si fuéramos más allá  y quisiéramos saber ¿qué es un cosquilleo?, nos asombraría constatar que la definición del diccionario se queda corta, muy corta. Un cosquilleo es un algo intangible, que según el interlocutor que consultemos estará compuesto de diferentes dosis de ilusión, expectación, deseo, recuerdo, intuición, premonición o emoción, bien conjuntamente bien por separado. Es una sensación mágica, casi imposible de definir, formada por un hormigueo incesante de ideas y emociones que nos invitan a jugar mentalmente, despiertan nuestra imaginación e intuición y  le dan al “play” de nuestros pensamientos, tanto conscientes como inconscientes. Son esas  mariposas en el estomago que sentimos mientras las las cosas toman forma. Un hilo estimulante con el que, a modo de juego, tejemos nuestras ideas, recuerdos, conocimientos y deseos, para crear un manto de formas de vivir/comunicar/vender/publicitar todo lo que pasa a nuestro alrededor.

Imagen de cabecera “Butterflies ticklish”  cedida por Mag.ma solucions creatives (Copy Right Mag.ma)

Anuncios

Enriquece nuestro contenido con tus aportaciones y comentarios. Gracias!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s