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Para cualquier sociedad que se precie de serlo, la cultura es y debe ser considerada un bien de primera necesidad. Consumir cultura en cualquiera de sus formas (lectura, escritura, teatro, cine, arquitectura, pintura, escultura, ciencia, gastronomía, música, tradición, folclore,…) constituye un aporte directo al enriquecimiento y mejora de los individuos y, por tanto, de la sociedad. El acceso a la cultura es un derecho universal y su consumo debería ser  una obligación que, a modo de afición, nos marcáramos todos y cada uno de nosotros para contribuir como individuos a construir una sociedad más tolerante, más abierta, más comprensiva y más rica, que evoluciona y progresa constantemente.

Con el paso de los años, más bien dicho con la edad, aunque esta expresión nos haga parecer mucho más viejos de lo que en realidad somos, podemos afirmar que disfrutando es como más se aprende. Quizás por ello muchos de nosotros intentamos llenar nuestro tiempo libre, nuestros momentos de ocio, con actividades lúdicas que, además de disfrute, nos proporcionen sensaciones, vivencias, ideas o puntos de vista que podamos contrastar, asimilar o incorporar a nuestras estructuras personales, que a su vez nos enriquezcan como individuos y nos ayuden a relacionarnos y comunicarnos con otros, al tiempo que a comprender la realidad que nos rodea.

En este gran abanico de actividades, la cultura, concretamente su consumo, tiene un papel relevante, muy relevante por lo que se refiere al enriquecimiento de individuos y sociedad,  cosa que bien refleja el texto de la Declaración de México de la UNESCO,  de 6 de agosto de 1982,  cuando cita “que, en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de  los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”… “Y, que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”

Vemos pues que consumir cultura, en cualquiera de sus formas o manifestaciones, nos brinda la posibilidad de poner a trabajar nuestra mente, construyendo y deconstruyendo idearios, creencias, etc.,  hasta tal  punto que, a veces, incluso nos transforma en sujetos diferentes a aquellos que éramos con anterioridad. Cada lectura, pieza de arte, obra de teatro, comida, espectáculo, viaje, tradición…, nos instruye. El consumo cultural nos proporciona un amplio espectro de temas e ideas que contribuyen  de forma substancial a poner en marcha mecanismos básicos para la convivencia, como son el razonamiento, la comprensión, la sensibilidad, la lógica, la conciencia, la crítica e, incluso, la comunicación. Tiene, por tanto,  un papel crucial en  nuestro aprendizaje, en nuestro crecimiento como individuos e, inherentemente, en el desarrollo colectivo. 

La cultura es un derecho universal reconocido por la ONU, pero, también, por cualquiera de nosotros. No en vano, sobre ella se asientan las civilizaciones, su evolución, los pueblos y sociedades que muchas veces llamamos, también, culturas. Cualquier anàlisis històrico de civilizaciones, movimientos artísticos o tendencias culturales, reconocidos internacionalmente por su valía (la escuela de Atenas, los Mayas, el Renacimiento, la Ilustración, la Vanguardia…) forma parte de todos y cada uno de nosotros, de los lugares en que vivimos, de los libros de texto de nuestra formación primaria, secundaria y, muchas veces, universitaria. La cultura es un legado único, un bien universal y omnipresente en continua evolución que nos hace quienes somos, que da razón a nuestros valores y tradiciones, que configura nuestro tejido social. Por ello sorprende, pese al lugar en que la ubiquen como necesidad las diferentes pirámides de motivación, que conscientes de su importancia  y a sabiendas que es el pilar básico de cualquier sociedad moderna que se precie de serlo, todavía hoy no se considere a la cultura como un bien de primera necesidad o, peor aún, que se la tipifique, en países como el nuestro, como un bien de lujo, asimilable en tipo impositivo a un Ferrari, un Rolex o un bolso de Louis Vuiton.

Sin cultura la sociedad es decadente. Sabemos que cualquier sociedad apoyada en la ignorancia y el desconocimiento crea un caldo de cultivo en el que aflora lo pero de cualquier colectivo, donde destacan  intolerancia, la discriminación, el dogmatismo exacerbado, el miedo, el totalitarismo, el sometimiento, el dominio y otros tantos males que muy al contrario de hacer avanzar una civilización, la destruyen y condenan para siempre. Por todo ello, es importante tomar consciencia y hacer de este derecho universal, la cultura, una afición, o incluso más, una obligación.

Dar importancia a la cultura en nuestras vidas es fundamental. La cultura es imprescindible para el crecimiento personal, abre nuestras mentes, nos hace más críticos y más comprensivos a la vez, destruye la ignorancia, incrementa la tolerancia, despierta la sensibilidad y mejora muchas de nuestras actitudes y aptitudes. Consumirla es fantástico, más dosis tomas, más ávido estás de cultura, con todo lo que ésta te proporciona. Es un crecimiento infinito que nos hace jóvenes, porque hace dúctil nuestra mente y nos reinventa cada día, porque nos convierte en mejores individuos, revirtiendo indefectiblemente en una mejora de la sociedad.

La cultura es progreso. Es un camino muy apetecible que, ávidos de conocimiento, tenemos que recorrer a través de cualquiera de los senderos que nos ofrece: literatura, pintura, música, artes escénicas, historia, arquitectura, folclore, gastronomía y tantos otros temas. No importa cuál sea el camino elegido, la cuestión es abrir la mente y dejar entrar nueva sabia para que nosotros también formemos parte de ese progreso.

Imagen de cabecera “Restoring Culture” cedida por Mag.ma solucions creatives (Copy Right Mag.ma)

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4 pensamientos en “Ávidos de cultura

  1. Buen articulo, pero la mayoria de las veces, este tipo de cultura, que dicho sea de paso, me encanta, se hace inalcanzable y tenemos que conformarnos con esperar(si es cine) a que lo reproduzcan en televisión, de teatro y demás ni hablemos.

  2. Lo cierto es que se esta volviendo inalcanzable para la malloria de los bolsillos. Pero hay opciones de poder disfrutar de la cultura, por ejemplo ir al cine en sesiones matinales o al medio dia, espectaculos no comerciales en espacios diferentes como centros civicos, …… La pena es que no son faciles de encontrar, pero las redes sociales cada vez nos ayudan mas.

  3. Que razon tienes, la cultura es alimento para el espíritu. En definitiva, es vida. Lástima que cada vez está más cara, más inalcanzable.

  4. En la línia del artículo y al hilo de lo que muchos de vosotros comentáis, todos somos conscientes que el IVA cultural debe entenderse como un impuesto sobre un bien de primera necesidad. Por ello, os dejamos el enlace a la página de la AADPC, en que están recogiendo firmas para la reducción al 4% de este impuesto.

    http://aadpc.wordpress.com/2013/03/05/firmes-per-la-reduccio-de-liva-cultural/

    La cultura hace sociedad, la cultura es sociedad, juntos debemos luchar para que así se entienda.

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