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Estas Navidades he incorporado una nueva película a la filmoteca esencial de mi vida. Se trata de “Una pistola en cada mano”, el reciente largometraje de Cesc Gay, en el que como ya sucedía en su película “En la Ciudad” se nos adentra de modo sutil en los secretos, las carencias, los miedos, los vacíos y las debilidades de un variado grupo de personajes, obligándonos a una profunda reflexión sobre lo que supone querer aparentar o representar una imagen que en su esencia no es más que un engaño a nosotros mismos.

Con un reparto excepcional, un guión impecable y una magistral dirección, esta inteligente e irónica comedia coral nos presenta historias cotidianas que ayudan a tomar consciencia de la prisión social y emocional en la que se encuentra sumido el género masculino actualmente. Una prisión con la que convivimos día a día sin apenas percatarnos y que implica problemas de comunicación, aceptación, convivencia e, incluso, una soledad impuesta.

A través de seis encuentros casuales, nos muestra sin compasión alguna a ocho hombres perdidos, desolados, confusos, herméticos y bloqueados emocionalmente que, a ciencia cierta, son el máximo exponente de la fragilidad, la vulnerabilidad y la inseguridad. Un modelo masculino que, gracias a la fantástica disección de Cesc Gay, se nos revela como antagonista al estereotipo del sexo fuerte con que todos nosotros, hombres y mujeres, hemos crecido.

“Una pistola en cada mano” constituye, así, una indispensable fotografía de los modelos de mujer y de hombre que nuestra cultura ha construido en base a la asignación de comportamientos y sentimientos a lo femenino o lo masculino, y que representan una especie de requisitos para que ambos sexos se desarrollen y relacionen en sociedad. Una construcción social  y cultural  que para el género masculino  ha supuesto y supone una importante limitación que, en la mayoría de los casos, supedita su desarrollo emocional al ámbito social o público (éxito, decisión, independencia, racionalidad, ambición, fortaleza, etc.).

En esta película de momentos tan sólo bastan ocho hombres y tres mujeres para construir esas seis historias que cuestionan y tambalean el modelo masculino, a través de diálogos brillantes, duros y delicados que, al mismo tiempo,  nos llevan, sin pensarlo, a hacer introspección en nuestras relaciones de pareja, de amistad y en nuestras propias vidas, especialmente, si rondamos los 40 y sentimos la necesidad de liberarnos de la prisión en que nos tienen sumidos los estereotipos sociales que definen ambos géneros: masculino y femenino.

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2 pensamientos en “El sexo “fuerte”

  1. El sexo: Fuerte? Porqué? Dame sensibilidad y dékate de fortaleza, ahí radica para mí el quid de la cuestión.

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