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Personalmente, no concibo otra forma de empezar el día si no es acompañada de una taza de buen café. El momento del café es especial e íntimo. Forma parte de esas pequeñas cosas que, cada día, te hacen sentir bien. Es un gesto cotidiano de cada mañana, un gesto lento y reflexivo que me sitúa en el momento presente y me ayuda a ordenar mis ideas, preparándome para afrontar la jornada que tengo por delante.

Pero, el café es mucho más que una rutina matinal. Es una buena compañía cuando escribimos, cuando ideamos, cuando pintamos, cuando conversamos, cuando nos reunimos…. El café forma parte de nuestra cultura, osaría decir que es cultura en sí mismo.

Si, el café es cultura! Porque nos enriquece de sensaciones, de aromas, de sabores, de ideas, de momentos. Sólo hay que ver todo lo que nos proporciona a través de la infinidad de variedades de Arábica y Robusta, del sinfín de maneras de consumirlo (espresso, americano, cortado, capuccino, desgraciado…), y de la multitud de momentos que le asociamos: para empezar el día, en el desayuno con un bocadillo o bollería, para cerrar la comida o la cena, para propiciar un encuentro, a media tarde para reavivarnos, para acompañar una conversación, un libro e incluso para matar algún tiempo muerto.

Si pensamos, seguro que encontramos mil momentos con sabor a café, ya sea estando solos o en compañía. Personalmente, entre todos los momentos con sabor a café, me quedo con aquellos que tienen lugar en esas cafeterías, cafetines o, simplemente, cafés con personalidad propia e historia, que fueron lugar de encuentro y reunión de filósofos e intelectuales de antaño. Y me quedo con cada uno de los momentos pasados en ellos porque estos lugares ofrecen mucho más que un buen café. Su atmósfera bucólica y acogedora, su decoración clásica y elegante, incluso a veces recargada, su ambiente sereno, su óptima distancia entre mesas que nos regala intimidad, su personal educado y refinado, así como la variopinta clientela de hoy en día, los hacen lugares únicos y acogedores donde apetece simplemente pasar el tiempo, relajarse, reunirse, conversar o incluso desconectar y quedarse absorto en los pensamientos,.

Por todo ello, en cada viaje me preocupo de buscar ese Café especial que nos ofrece ese algo más, ese lugar dónde entras y retrocedes a otra época, dónde te detienes y disfrutas de la historia de otro modo, donde conoces un poco más la cultura y las gentes del lugar, donde digamoslo observar es el motivo principal y el café es la excusa. Así poco a poco he ido creando una lista en la que hoy se encuentran algunos de los mejores cafés de Europa, una lista que me liga a los lugares visitados y que forma parte de los mejores recuerdos de cada viaje, convirtiéndose en visita obligada para la próxima vez.

Hoy, esta lista involuntaria pero preciosa, la componen esos Cafés que para mí completan y redondean la visita de las ciudades, porque sin visitarlos será como no haber estado nunca en ellas. Así, cuando vuelva a Roma me tomaré un ristretto en el Antico Caffè Grecco, después de un recorrido por las lujosas tiendas de la Via Condotti; en cada visita a Venezia contemplaré la Piazza di San Marco saboreando un capuccino acompañado de la música del Caffé Florian; extasiada por la monumentalidad de la Piazza della Signoria de Florencia me acercaré al Gilli a disfrutar del impecable servicio del café; al atardecer de Porto visitaré el Majestic para disfrutar de su ambiente nocturno y elegante; antes de coger el tranvía para el Barrio Alto de Lisboa saborearé el desayuno de A Brasileira junto a una buena taza de café; o en cada visita a Madrid intentaré escaparme al Café Gijón para tomar un café “al vuelo” y disfrutar de esa atmósfera castiza.

Y mientras, mientras no haya un nuevo viaje, mientras no descubra un nuevo lugar, aquí en Barcelona, seguiré disfrutando de los encuentros, los desayunos, las medias tardes o las tertulias  en esos cafés en que, aunque con menos historia que los citados, encuentras la misma esencia. Schilling, Caelum o el Café de l’Opera son aquí esos lugares ideales para encontrar la paz, llevarte un libro, saborear un buen café o donde quedar para charlar y escuchar un poco de música.

… ¿Tomamos un café?

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5 pensamientos en “Con sabor a café

  1. ooooooooooohhhhhhhhhhhhh que recuerdos me han traido tus palabras… tomemos uno lo antes posible… hago unas cookies de coco y choco que lo flipas para acompañar…

    • Mil gracias! Es un placer que la lista siga creciendo aún sin moverme de la silla.

      Se admiten y se aprecian nuevas propuestas con “sabor a café” para ampliar las opciones “around the world”.

  2. Quants records s’obren amb el teu article. Em sembla sentir l’olor d’un bon café aràbic (el meu preferit). Em trobo un altra vegada a Venècia, a Roma, a Suissa. a Insbruc i sobre tot al Club Astòria i el cafè de l’Òpera a Barcelona, on tants bons moments he passat.

  3. Pingback: De cafès i moments… | Xavier Navarro Estrada

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