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Una visita obligada en cada uno de nuestros viajes son los mercados de abastos. Los mercados son lugares sociales que propician el intercambio, no sólo entre vendedores y compradores, sino entre culturas, porque  son el reflejo del lugar dónde se ubican, de sus gentes, de su gastronomía, de una manera de hacer y vivir.

Los mercados son lugares de interacción, de comunicación, de contrastes, de ruidos, de colores, de sabores y de olores que transmiten mucho más de aquello que vemos a simple vista, reflejando la idiosincrasia de los pueblos y ciudades que visitamos.

Pueden ser ambulantes, fijos, esporádicos, más grandes o más pequeños, más ricos o menos, pero siempre son un lugar de encuentro, no solo de los autóctonos sino también de los curiosos que como yo deambulan por ellos, curioseando y buscando sabores y sensaciones nuevas.

Entre unos tipos y otros, de repente encontramos nuevas fórmulas que sorprenden y emocionan, enriqueciendo el propio concepto de mercado, sumando conceptos y dando valor añadido, uniendo al intercambio comercial y a la muestra de productos, la degustación, la cata, la formación y la comunicación.  Fórmulas temporales que nacen para dinamizar el comercio autóctono y que se convierten en un gran escaparate de las ciudades.

Mercat de mercats, un evento que lleva tres ediciones con la finalizada el pasado domingo en Barcelona, es una de esas fórmulas temporales que buscan aproximar el comercio de proximidad a los autóctonos y a los visitantes. Un evento anual que traslada los productos de la tierra catalana y las paradas de los mercados de la ciudad a  plena calle para fusionarlos con la restauración en su más amplio sentido.

Se trata de un concepto  donde la plaza pública se convierte en mercado, donde la restauración está en plena calle, donde nos encontramos los de aquí con los de fuera, los autóctonos con los turistas, agrupados por la temporalidad de la oferta concentrada de paradistas, productores,  restauradores y bodegas en un espacio al aire libre.  Un concepto nuevo  y mucho más amplio para muchos de nosotros, los barceloneses, que hasta ahora estábamos acostumbrados a las pequeñas “fires”,  esas muestras gastronómicas que se dan cita en los barrios o que aparecen con motivo de alguna feria o fiesta de la ciudad.

Sumar  producto, degustación y cata en un mismo espacio es una fórmula de éxito para acercar los productos al consumidor, para seducirlo  y, evidentemente, para  dinamizar el comercio y nuestros mercados. Un claro ejemplo es el bullicioso y atractivo Mercado de San Miguel en Madrid, que, con un emplazamiento fijo y abierto todo el año, rezuma actividad  todas las horas del día y que se ha consolidado como un punto de encuentro para sus ciudadanos y visitantes, donde la excusa para unos es la venta y para otros lo son el producto y su degustación, donde se encuentran los intereses de todos y se produce un intercambio enriquecedor para todas las partes.

Cabe preguntarse, entonces, por qué  Mercat de mercats es solo una fórmula temporal. Acaso, ¿faltan espacios  en Barcelona donde ubicarlo de modo permanente? ¿Habría conflicto de intereses entre unos y otros por tener presencia y espacio en un único lugar?  Y la verdad es que si que hay espacio, concretamente, un maravilloso lugar donde poder hacerlo, un lugar emblemático de la ciudad de Barcelona,  el Antic Mercat del Born.

Imaginadlo! Nosotros podemos. Nuestro Mercat del Born, la catedral del hierro y el vidrio, con su ubicación y dimensiones perfectas, destinado permanentemente a punto de encuentro de la materia prima, del comercio, de la cocina de nuestra tierra y de nuestro saber hacer. ¿Qué mejor uso le podríamos dar que el de ser nuestro “Mercat de mercats”?

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2 pensamientos en “De mercados

  1. La verdad que no tengo ni idea… no tengo argumentos para tus preguntas… estoy tan anonadada como tu…buscaremos respuestas y mientres tanto seguiremos visitando mercados maravillosos. Es lo que más me gusta de Marruecos y en París, los barrios más populares instalan 2 veces a las semanas mercados ambulantes que son una auténtica delicia y en la época del Ramadán las calles francesas improvisan puestos en cualquier rincón que son lo más. Ya os lo iré contando…

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